En la vieja ciudad
llena de niños góticos,
[…] viví los meses últimos
en mi vida de joven sin trabajo
y con algún dinero.
J. Gil de Biedma
En un viejo edificio
custodiado por la Fama, en cuyo corazón
una fuente gótica presidía estéril un patio porticado,
allí viví mis años de novel estudiante.
Era en dos mil veinte me parece o veintiuno.
Recuerdo la novedad de las matutinas traducciones
de dioses polimorfos y esquivas ninfas
y la costumbre de las tardes de biblioteca
en las que héroes medievales combatían
la carrera irrevocable de las horas.
Pero me acuerdo, sobre todo, de vosotros, amigos,
de las conversaciones en aquellas galerías de café y humo
sobre la poesía y sobre la vida, que llenaban cualquier vacío
por la certeza
de no tener ninguna.
Ahora, graduados, ampliamos nuestros estudios,
y nos reunimos en el patio
de una fuente que mana y corre,
más avezados, pero aún codo a codo.
Porque el disfrute del camino reside —pienso— en la certidumbre de tener compañeros de viaje.

-Julia Moreno Casasola.
