Una interpretación de Hamnet (2025)

Hamnet (2025) entreteje el duelo, el teatro y la mitología en una obra cinematográfica profundamente simbólica. Los elementos que más destacan en esta película son las escenografías inspiradas en el teatro y el mito de Orfeo y Eurídice. Este mito fue una gran integración a la historia exclusiva de la película, que, con su analogía, enriquece la trama con simbolismos ocultos que acechan la narrativa de principio a fin. Recostada en la sala del cine, no podía evitar cuestionarme la razón detrás de integrar este mito en específico, pero con el primer “mírame” de Agnes y William representando a Orfeo, volteando su rostro para verla, todo comenzó a cobrar sentido.

A lo largo de la película se presentan «entradas oscuras», que se manifiestan ante nosotros principalmente como la cueva entre las raíces del bosque, la cual parece devolver la mirada y captar la atención de Shakespeare. Esta cueva me recordó a la boca del inframundo, donde Orfeo cometió el error de voltear su mirada para ver a su amada antes de que esta, fuera arrebatada de vuelta a la oscuridad. Esta teoría se ve reforzada por el significado que suelen tener las cuevas en la mitología, con conexiones arraigadas al nacimiento y la muerte, portales a otros mundos o el inframundo. Es importante destacar que la cueva vio el nacimiento de la primera hija de la pareja, pero también fue el lugar donde el halcón de Agnes fue despedido y tuvo su funeral.

William es Orfeo, con un talento inmaculado para la música (poesía) y una tentación que le llama desde la cueva y lo que esta representa. 

Podría ser correcto decir que Agnes es su Eurídice, pero ella es solo un pedazo de esa representación. La familia de William es su Eurídice, la musa de su esperanza y el peso en su corazón. Es la razón por la que él está constantemente volteando y por lo que no puede tener una vida estable en Londres. Su familia no solo lo ata a su pueblo, sino que lo ata a un lugar lleno de espectros de su pasado.

La vestimenta también desempeña un papel crucial en esta película. Narra otra historia, escondida entre hilo y aguja, revelada mediante el color de los ropajes de los personajes principales. La vestimenta no solo refleja su arco emocional, sino que también enriquece el mito que se desenvuelve ante nosotros. En sus primeras escenas, Agnes es revestida como una llama que destaca entre los tonos apagados de la sociedad que la juzga. Su vestido rojo refleja su espíritu libre y energético que busca su refugio en el bosque, y su vestimenta nos representa el núcleo de la tierra. Del otro lado tenemos a William, quien viste en tonalidades de azul que representan su cabeza constantemente perdida en las nubes: el cielo y los sueños. Ambos personajes representan cosas opuestas, la tierra y el cielo. Orfeo viviendo bajo el sol con su mente soñadora. Eurídice es la dríade del bosque con su alma que ahora yace bajo tierra. Juntos significan el mundo.

Por si fuera poco, en el transcurso de la película, tenemos a otro personaje acechando la trama, magistralmente escondido, posiblemente imperceptible para los espectadores. Esta desoladora historia se cuenta en su totalidad por la cámara, con tomas cenitales que siguen a este personaje mientras se cierne sobre la familia, observándolos en espera.

Judith yacía sobre su lecho, en lo que aparentaba ser su última noche. Hamnet se acostó junto a ella y decidió hacer un último juego, intercambiar lugares una vez más. Esto fue, sin duda, uno de los momentos más devastadores del libro, con un diálogo interno de Hamnet, incapaz de concebir la vida sin Judith. Nos quedamos con una escena que, aunque diferente, nos muestra otro lado de la historia. Hamnet intercambia lugares con Judith, reposa a su lado en la cama. El punto de vista del espectador cambia y ahora vemos a los gemelos desde esa perspectiva cenital. Hamnet alza la mirada hacia la cámara, en sus ojos brillan llamas que ni sus lágrimas pueden extinguir. Él mira directamente a la muerte y con determinación, le dice que no se llevará a su hermana. La muerte cumple con sus deseos y se lleva a Hamnet en lugar de su gemela. Hamnet deja el mundo que conoce: mientras su cuerpo empieza a morir en los brazos de su madre, vemos su alma a través de un velo negro. Hamnet mira a su alrededor con miedo, al escenario que evoca un lugar familiar.

Algo extraordinario de esta escena en particular es el uso del teatro y el escenario. Durante la película, el departamento de diseño de producción creó sets estratégicamente planeados para simular la simetría de los escenarios teatrales, inspirada en la frase de Shakespeare “todo el mundo es un escenario”. Sin embargo, cuando Hamnet está muriendo, vemos literalmente un escenario, con paredes que asemejan un bosque y una oscuridad que lo rodea y crea un contraste con la ropa azul de Hamnet, reflejo directo de su padre. Hamnet llama al halcón de la familia, mira al cielo y sonríe al ver el ave familiar. La escena cambia y vemos a William apresurado por alcanzar a su familia. Él mira al cielo y también ve lo que parece un halcón volando a lo lejos.

Hamnet muere, desencadenando un grito desgarrador de Agnes que extingue su llama interior: ahora sus prendas son marrones y de tonalidades apagadas como su alma. Ella se convierte en una sombra de la mujer que solía ser y William huye a Londres, dejando a su familia lidiar con el dolor durante más de un año.

En ese sentido, William es un Orfeo que vive en un bucle. Su música es su poesía y el inframundo su escenario. Él encuentra, mediante su poesía, algo que permanecerá para siempre: palabras tan poderosas que vivirán en la eternidad y obras teatrales con actores que con el tiempo morirán, pero que continuarán como ecos de la original, alcanzando la inmortalidad.

Al final, la obra de Shakespeare habla de desear haber intercambiado lugares con su hijo. En la obra, ellos son un reflejo del otro. Precisamente en el escenario, que tiene el set de un bosque con un arco que representa la cueva al inframundo, con la “música” de su padre que, como la de Orfeo en el mito, tenía el poder de calmar el sufrimiento de las almas: Hamnet aparece y su alma, que había estado atrapada en un limbo por el dolor de su familia, se materializa. La obra sirve para terminar el dolor y el duelo momentáneamente, para calmar el dolor y agonía entre William y Agnes.

En ese final, vemos a Agnes nuevamente con su vestido rojo, su vitalidad despierta las brasas de entre los escombros y en los ojos de William vemos las tormentas que por fin logran desatar la lluvia contenida. La pareja intercambia una mirada que expresa todas las palabras que no habían podido intercambiar: dolor, amor, culpa, perdón, pero sobre todo el entendimiento del sufrimiento que han pasado. Viendo esto, el fantasma de Hamnet ya puede trascender con paz. Por última vez, Hamnet mira a sus padres, quienes también lo pueden ver. Sus ojos se llenan de las mismas lágrimas que humedecieron los ojos de Eurídice. Por última vez, antes de pasar por la entrada de la cueva, él gira su rostro para contemplar a su familia, la mirada de amor brillando en los ojos de sus padres antes de adentrarse en el inframundo y nunca volver a mirar atrás.

-Valeria López Ortiz.

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